Hace más de cuarenta años, Walter Schirra, que por entonces aún no era conocido, entró en una tienda de fotografía en Houston y compró una Hasselblad 500C. La cámara era un modelo estándar para particulares con un objetivo Planar f/2,8 de 80 mm. Schirra un futuro astronauta de la NASA, era uno de los pilotos más capaces de su tiempo, un hombre con “lo que hay que tener". Cuando se le ocurrió llevarse su nueva cámara al espacio, Schirra retiró la funda de polipiel del cuerpo de la cámara Hasselblad y pintó la superficie de metal de negro para reducir la reflexión. Y cuando se montó en un cohete Mercury en octubre de 1962, llevaba su Hasselblad consigo. Y una vez en el espacio, documentó la belleza tan maravillosa y asombrosa que vio a su alrededor. Hizo las primeras fotografías en el espacio con su cámara normal marca Hasselblad. Y así comenzó la primera página de una nuevo capítulo en la historia de Hasselblad y de la fotografía y una cooperación entre la importante agencia del espacio estadounidense y el pequeño productor de cámaras sueco; una unión estrecha y duradera, en beneficio de ambas partes.

Cabe mencionar que cuando el astronauta Walter Schirra se llevó esa primera Hasselblad al espacio, la cámara fue el único objeto en la cápsula que no se había hecho especialmente para esta misión. Los únicos cambios que había hecho fue despojar la cámara de su funda. Esta cámara fue al espacio, a un ambiente completamente extraño, para retratar lo que ningún ojo humano había visto jamás, con el objetivo y el chasis para película de serie. Cuando volvió a la tierra, resultó que la cámara había funcionado técnicamente justo como Victor Hasselblad lo había predicho: sin problemas. La NASA no se había dado cuenta antes de la importancia de documentar en imágenes sus expediciones al espacio. No obstante, cuando se vio la calidad de las fotografías que Schirra trajo de vuelta a la tierra, era evidente la importancia vital de las imágenes para el proyecto en su totalidad.

El departamento fotográfico de la NASA fue creciendo rápidamente y se convirtió en un punto de referencia para una serie de expertos como técnicos de fotografía, técnicos de laboratorio y los interpretadores de fotos de más renombre en América del Norte. Se establecieron lazos entre una amplia gama de instituciones diversas, todas interesadas en las imágenes del espacio por las razones más diversas. El contacto de la NASA con el fabricante de cámaras sueco se fue ampliando. A su vez, Hasselblad modificó y refinó sus cámaras para adaptarlas aún mejor a su utilización en el espacio, experimentando con estructuras y objetivos diveros. Durante muchos años, por ejemplo, la NASA estaba decidida a reducir cualquier gramo superfluo de la carga, lo que significaba que las Hasselblad que se llevaban al espacio tenían que ser todo lo ligeras que fuera posible. Siempre manteniendo la famosa calidad Hasselblad. Y lo consiguieron.

Se probaron diversos modelos de cámaras, todas adaptadas a las especificaciones rigurosas del espacio. Las fotografías que los astronautas hicieron con las cajas negras marca Hasselblad se convirtieron en verdaderos clásicos. Y los momentos que plasmaron no sólo fueron inspiradores, fueron históricos. Durante la misión Gemini IV, por ejemplo, tuvo lugar el primer paseo por el espacio. Con una Hasselblad en mano, James A. McDivitt hizo una serie de imágenes de su compañero Edward H. White en su paseo por el espacio. Estas fotografías en seguida se publicaron en las revistas más importantes de todo el mundo.
La gente se quedó asombrada por la extraordinaria nitidez de la fotos hechas con las cámaras Hasselblad. Y mientras que a los lectores normales les impresionaba la calidad de las imágenes finales, y con razón, no se detuvieron a pensar en lo que se le exigía y una cámara y a su durabilidad en una expedición al espacio. Las cámaras tenían que funcionar a la perfección bajo las condiciones más difíciles, más de 120° C al sol y 65° C bajo cero a la sombra. Y además, la falta de gravedad y millones de peligros desconocidos. Y las cámaras tenían que funcionar con absoluta regularidad. Cada captura era una tesoro histórico, una oportunidad que solo se presentaba una vez en la vida y que nunca se podría repetir. Y una y otra vez, Hasselblad estuvo a la altura de todos los retos. Con un abanico de cámaras diferentes.

En 1966, una Hasselblad SWC con objetivo Zeiss Biogon 4,5/38 mm se empleó por primera vez en la misión Gemini 9. La Hasselblad 500EL tuvo su debut en el espacio en el Apollo VIII, que circundó la luna diez veces el 1 de junio de 1969. Y cuando el Apollo XI realmente aterrizó en la luna, lo que supuso el primer paso de un ser humano que no fuera en la tierra y la realización de un sueño casi tan antiguo como la humanidad misma, Hasselblad también estuvo allí. Los viajes de vuelta de la luna limitaban considerablemente el número de objetos que pudieran volver, por razones de peso, etc. Así que cuando habían cumplido su misión, las trece cámaras se dejaron allí por considerarlas bagaje innecesario. Sólo trajeron de vuelta los chasis de películas que contenían las preciosas imágenes sin revelar. Las fotografías de esta misión son aún más conocidas que las secuencias de película. Para ser sinceros, la lista de imágenes clásicas de estas misiones es casi interminable; un hombre sólo ante la oscuridad del espacio, la puesta de la tierra vista desde la luna, las dramáticas pisadas de los primeros pasos de un hombre en la luna... Estas imágenes reflejan la historia de la humanidad en acción, quizá más que la mayoría de las imágenes de nuestro tiempo.
Son prueba fehaciente de la fuerza de la imagen. Y de la capacidad de Hasselblad de captarlas.